la pesadilla, al fin acabo conmigo,
le dí muchas vueltas para huir,
no tuve tiempo de pedir auxilio.
La tristeza me ahogaba al tiempo que
pedía a mi amado verdugo que no me degollara..
no lo hizo; y
no porque no me fuese a matar,
sino por que lo que me cortaría
no sería la cabeza,
con frialdad y delicadeza
colocó unos guantes de látex,
para no mancharse sus finas y blancas manos..
¡Extirpo mi corazón!
no lo sentí descubrir mi pecho,
no sentí el bisturí hundirse en mi piel,
no sentí, sólo lo ví pasar todo;
como un niño con la impotencia
de ver partir a su padre..
Todo ya paso, finalmente
ya todo quedó guardado,
mi amado verdugo se marcho,
yo quedé mudo, ya no hablo de amor
quedé sordo, ya no escucho más latidos
y ahora estoy ciego, ya no vislumbro más sonrisas...
Y entonces ¿Qué es de mi?
Soy la nada y todo lo que en ella habita...
Soy el mounstro en el closet de un niño...
Soy la esperanza de los pobres...
Esto ya ha concluido
y quedé.. tirado en la cama...
Oscar D. Rodríguez